En una nueva charla de salud de “En la Misma Vereda”, Rosana Tortosa conversó con el doctor Pablo Bolognesi sobre una de las patologías neurológicas de mayor impacto: el accidente cerebrovascular (ACV).
“Es la primera causa de discapacidad y la segunda causa de muerte”, explicó Bolognesi al dimensionar la importancia de esta enfermedad. Según los datos mencionados durante la entrevista, en Argentina se producen alrededor de 130.000 ACV por año, aproximadamente uno cada cuatro minutos.
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El especialista señaló que existen dos grandes tipos de ACV. El isquémico, que es el más frecuente, se produce cuando una arteria que lleva sangre al cerebro se obstruye, generalmente por un trombo o por alteraciones de las paredes arteriales. El hemorrágico, en cambio, ocurre cuando una arteria se rompe y provoca un sangrado dentro del cerebro.
En ambos casos hay una característica fundamental: los síntomas aparecen de manera súbita.
¿Cuáles son las señales de alerta?
Bolognesi destacó cinco manifestaciones principales a las que debemos prestar atención:
- Pérdida de fuerza o adormecimiento de un brazo, una pierna, la mitad de la cara o un lado del cuerpo.
- Dificultades repentinas para hablar o comprender lo que se está diciendo.
- Alteraciones bruscas de la visión, que pueden afectar uno o ambos ojos.
- Pérdida del equilibrio, coordinación o dificultad para caminar.
- Un dolor de cabeza extremadamente intenso y repentino, especialmente cuando aparece como el peor dolor de cabeza experimentado.
“Siempre es súbito”, remarcó el especialista. Una persona que viene perdiendo fuerza, visión o equilibrio progresivamente durante meses presenta otra situación diferente. En el ACV, el cambio aparece de manera repentina.
Tiempo es igual a neuronas vivas
Ante la aparición de cualquiera de estos síntomas, la recomendación es contundente: hay que acudir inmediatamente a un centro médico capacitado para atender un ACV.
“Rapidez es la palabra más importante”, sostuvo Bolognesi, y explicó que las neuronas comienzan a morir rápidamente cuando dejan de recibir sangre y oxígeno. Según señaló, se estima que pueden perderse alrededor de dos millones de neuronas por minuto sin circulación adecuada.
Por eso, no alcanza con concurrir a cualquier centro de salud. Es necesario acudir a un establecimiento donde puedan realizarse los estudios correspondientes y, cuando el paciente cumple los criterios necesarios, implementar tratamientos específicos como la trombólisis, destinada a disolver el coágulo que está obstruyendo la arteria.
La atención temprana puede marcar una diferencia enorme en la evolución posterior: entre sobrevivir o no, pero también entre quedar con secuelas graves o conservar una mayor autonomía.
Aunque el síntoma desaparezca, hay que consultar
Uno de los conceptos más importantes de la entrevista fue que si el síntoma desaparece, igualmente hay que buscar atención médica inmediata.
Bolognesi explicó que puede tratarse de un episodio transitorio provocado por un pequeño coágulo que se disuelve y permite que la circulación se restablezca. Sin embargo, eso puede ser una advertencia de que existe un problema que podría provocar posteriormente un ACV de mayor gravedad.
“Siempre es preferible ir de gusto a no hacer nada”, resumió.
¿Es hereditario el ACV?
El especialista explicó que depende de la causa. En algunos casos, particularmente cuando existe un aneurisma cerebral y se produce un ACV hemorrágico por su ruptura, puede existir una predisposición familiar. Ante determinados antecedentes, los familiares directos pueden requerir estudios específicos para evaluar las arterias cerebrales.
Sin embargo, Bolognesi puso el foco especialmente en otro aspecto: la mayoría de los ACV pueden prevenirse.
Lo que es bueno para el corazón también lo es para el cerebro
Para reducir el riesgo, es fundamental controlar los factores que también afectan la salud cardiovascular: tabaquismo, hipertensión arterial, alteraciones del colesterol y triglicéridos, diabetes, obesidad, sedentarismo y estrés, además del consumo de determinadas drogas.
“Lo que es bueno para el corazón es bueno para el cerebro”, recordó Bolognesi.
En ese sentido, la prevención no consiste únicamente en conocer los antecedentes familiares, sino también en detectar y tratar aquellos factores de riesgo sobre los que sí podemos actuar.
El caso de Gustavo Cerati
Durante la entrevista, Rosana Tortosa recordó a Gustavo Cerati, quien sufrió un ACV a los 50 años y falleció cuatro años después como consecuencia de las complicaciones derivadas de aquel episodio.
Bolognesi recordó que el músico tenía antecedentes y varios factores de riesgo, entre ellos un importante consumo de tabaco. También señaló que, según los relatos sobre aquel episodio, Cerati había presentado inicialmente síntomas como pérdida de fuerza en un lado del cuerpo y dificultad para hablar.
Para el especialista, el caso sirve también para recordar una enseñanza fundamental: un síntoma neurológico que desaparece no debe ser ignorado.
Reconocer las señales, actuar rápidamente y trabajar sobre los factores de riesgo son herramientas esenciales frente al ACV. Porque cuando se trata del cerebro, cada minuto cuenta.

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