domingo, 11 de octubre de 2026

Síndrome del impostor: cuando reconocemos a alguien, pero sentimos que no es quien creemos

En una nueva charla con el Dr. Pablo Bolognesi, en el programa "En la Misma Vereda" por FM del Sol 100.7, abordamos un trastorno poco frecuente pero muy particular: el síndrome del impostor, un cuadro clínico en el que una persona puede reconocer perfectamente a un ser querido, pero al mismo tiempo tener la convicción de que esa persona fue reemplazada por un doble.

“Es como que vos veas mañana a tu hermano, hermana, madre, padre, lo que sea, y lo ves y decís: sí, lo veo igual, pero no es. Es un doble, es alguien que está actuando como si fuera, pero no lo es”, explicó Bolognesi durante la entrevista.


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Cuando la percepción y la emoción se desconectan

Para comprender este síndrome es necesario detenerse en la relación entre percepción, cognición y emoción.

Según explicó el especialista, primero percibimos algo, luego lo reconocemos y finalmente aparece una respuesta emocional acorde con aquello que estamos viendo. En el síndrome del impostor, la persona puede percibir correctamente a quien tiene delante y reconocerlo, pero existe una falla en la conexión con la respuesta emocional.

El ejemplo utilizado durante la entrevista fue el de una persona que observa a su madre. La ve y reconoce perfectamente sus rasgos: sabe que se parece a su madre y puede incluso evocar recuerdos relacionados con ella. Sin embargo, no aparece la sensación emocional que normalmente acompañaría ese reconocimiento.

“Hay una desconexión entre el sistema de reconocimiento visual y la respuesta emocional o afectiva que tendría que haber”, señaló Bolognesi. En ese proceso interviene la amígdala, una estructura ubicada en el lóbulo temporal que forma parte de los circuitos relacionados con la regulación de las emociones.

¿Por qué aparece la idea del “impostor”?

Normalmente, cuando vemos a una persona querida, no solamente reconocemos su rostro: también se activa una respuesta emocional asociada a ese vínculo. Puede aparecer alegría, afecto, tranquilidad o una sensación de familiaridad.

Cuando esa respuesta emocional no se produce, puede aparecer una sensación de extrañeza. La persona no necesariamente analiza conscientemente que “no siente nada”; es un procesamiento mucho más inconsciente. Esa falta de respuesta emocional puede terminar llevando a una conclusión irracional: si parece mi madre, pero no siento lo que debería sentir, entonces debe ser alguien que se hace pasar por ella.

¿Es permanente? ¿Necesita internación?

Durante la entrevista también se habló sobre las causas y la evolución del síndrome. Bolognesi explicó que, en general, no requiere internación, salvo que la persona presente conductas agresivas o cambios conductuales severos.

El síndrome puede aparecer asociado a diferentes situaciones clínicas. Se ha observado, por ejemplo, en personas que atravesaron lesiones cerebrales, traumatismos de cráneo o accidentes cerebrovasculares, incluso durante el proceso posterior a un estado de coma. También puede presentarse asociado a determinados trastornos cerebrales orgánicos, entre ellos algunas demencias como el Alzheimer o las demencias vasculares.

En casos más poco frecuentes, también puede aparecer relacionado con migrañas crónicas, alteraciones metabólicas descompensadas —como diabetes o patologías tiroideas— y en determinados contextos de consumo de sustancias.

La buena noticia es que, según explicó el especialista, generalmente es un fenómeno transitorio y puede revertir con el tiempo.

“Somos seres emocionales que razonan”

Hacia el final de la charla, Bolognesi dejó una reflexión que resume buena parte de lo conversado: solemos definirnos como seres racionales, pero existe otra manera de pensarnos.

“Los seres humanos somos seres emocionales que razonan”, afirmó. Nuestras emociones influyen en la toma de decisiones, el aprendizaje, la memoria y también cumplen un papel fundamental en nuestra capacidad para reconocer y responder ante diferentes situaciones.

El síndrome del impostor, aunque poco frecuente, permite observar de manera muy particular esa profunda conexión entre lo que percibimos, lo que reconocemos y lo que sentimos.

Porque, como concluyó el especialista, muchas veces primero sentimos y después intentamos encontrar una explicación racional para aquello que nos sucede.

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