El Dr. Pablo Bolognesi explicó en una nueva charla en En la Misma Vereda, por FM del Sol 100.7, cómo la música activa distintas áreas del cerebro, despierta emociones, evoca recuerdos y puede contribuir al bienestar y la rehabilitación.
¿Qué sucede en nuestro cerebro cuando escuchamos música? ¿Por qué una melodía puede emocionarnos, transportarnos a un recuerdo de la infancia o hacernos sentir parte de una multitud? Estos fueron algunos de los temas abordados por el Dr. Pablo Bolognesi en su habitual encuentro con En la Misma Vereda, el programa que se emite por FM del Sol 100.7 de Mar del Plata.
En diálogo con Rosana Tortosa, el profesional propuso explorar la relación entre la música, el cerebro y las emociones, a partir de estudios que permiten observar qué áreas cerebrales se activan cuando escuchamos, interpretamos o incluso imaginamos una obra musical.
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Para explicar cómo se realizan estas investigaciones, Bolognesi mencionó la resonancia magnética funcional, una técnica que permite identificar cambios en el flujo sanguíneo asociados con la actividad cerebral. De esta manera, los investigadores pueden observar qué regiones participan en distintas actividades.
Sin embargo, cuando escuchamos música, la actividad no se limita a las áreas auditivas. La música involucra múltiples regiones del cerebro de manera simultánea, relacionadas con el reconocimiento de sonidos, las emociones, la memoria, la atención, el movimiento y los circuitos de recompensa.
Música, emociones y recuerdos
Una melodía puede despertar alegría, melancolía, euforia o incluso temor. Según explicó Bolognesi, las emociones no dependen de una única región cerebral, sino de la participación de distintas estructuras que trabajan en conjunto.
La memoria también ocupa un lugar central. Una canción puede llevarnos a la infancia, recordarnos a nuestros abuelos, una celebración familiar o un momento importante de nuestra vida. La música está vinculada tanto con recuerdos personales como con nuestra identidad cultural e histórica.
En ese sentido, el especialista señaló que escuchar una canción conocida mientras vivimos en otro país, por ejemplo, puede conectarnos con nuestras raíces y con experiencias que forman parte de nuestra historia.
También se refirió al papel de la música en el bienestar. Escuchar una melodía que disfrutamos activa circuitos de recompensa y se relaciona con la liberación de dopamina, un neurotransmisor vinculado con el placer. Además, la música puede favorecer la relajación, estimular la actividad motora y contribuir a reducir la percepción del dolor.
Una herramienta para la rehabilitación
Durante la charla, Bolognesi destacó que los efectos de la música también tienen aplicaciones terapéuticas.
En personas con dificultades para hablar después de una lesión cerebral, por ejemplo, se utilizan recursos musicales para trabajar aspectos relacionados con el lenguaje. Recordó el caso de personas con dificultades para articular palabras que, sin embargo, pueden cantar con mayor facilidad.
Asimismo, explicó que la música se utiliza en la rehabilitación de pacientes con enfermedad de Parkinson, debido a su influencia sobre el movimiento y la coordinación. También se recurre a ella en ámbitos como la maternidad y la atención de pacientes oncológicos o con dolor.
En personas con Alzheimer, además, la música puede facilitar el acceso a recuerdos y experiencias que no siempre aparecen de manera espontánea.
El profesional también señaló que quienes practican un instrumento desarrollan habilidades motoras específicas, producto del entrenamiento y de la coordinación que exige la interpretación musical.
La música como experiencia colectiva
Otro de los aspectos abordados fue la capacidad de la música para generar vínculos y sentimientos de pertenencia.
Un recital, una cancha de fútbol o una manifestación en la calle son escenarios en los que miles de personas pueden cantar al mismo tiempo y experimentar una sensación de unidad. La música, explicó Bolognesi, puede favorecer la conexión entre las personas y fortalecer la empatía social.
Pero esa capacidad también puede utilizarse con otros fines. Durante la conversación, el especialista hizo referencia al uso de marchas e himnos en distintos contextos políticos e históricos, como mecanismos para movilizar multitudes, reforzar identidades colectivas o disciplinar comportamientos.
La música, entonces, no es ajena a la forma en que nos relacionamos con los demás ni al modo en que se construyen las emociones compartidas. Su influencia puede expresarse de maneras muy diferentes, según el contexto y el propósito con el que se la utiliza.
¿Existe la música buena y la música mala?
Hacia el final del encuentro, surgió una reflexión sobre los gustos musicales y la manera en que cambian con el tiempo. Lo que una generación considera novedoso o atractivo puede resultar extraño o desagradable para otra.
Bolognesi señaló que nuestras preferencias están atravesadas por la historia personal, la cultura y las emociones. Por eso, aquello que nos gusta o nos disgusta no depende exclusivamente de características musicales, sino también de nuestras experiencias.
La charla dejó una conclusión que invita a mirar la música más allá del entretenimiento: está presente en nuestra vida cotidiana, acompaña nuestras emociones, nos conecta con nuestros recuerdos, puede contribuir a la rehabilitación y tiene una profunda dimensión social.
Una vez más, el Dr. Pablo Bolognesi compartió en En la Misma Vereda, por FM del Sol 100.7, una mirada sobre el funcionamiento de nuestro cerebro y sobre esos vínculos entre la ciencia, las emociones y la vida cotidiana que nos ayudan a comprendernos un poco más.

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